En nuestra anterior publicación ya comentamos que la clonación no era un concepto ligado únicamente a la ciencia ficción y las teorías conspirativas de laboratorios clandestinos, ya que en la naturaleza se da de forma constante a nuestro alrededor cada vez que un organismo se reproduce de manera asexual o, incluso dentro de nuestros propios cuerpos, cada vez que una célula se divide, ya que las células hijas no son más que clones de la célula madre de la que proceden.
Sin embargo, si bien es cierto que la clonación tiene su origen en la naturaleza, eso no quita que, al igual que con todo, los humanos nos hayamos aprovechado de ese proceso y lo hayamos “domesticado” para adaptarlo a nuestras necesidades como sociedad (o bueno, en algunos casos para satisfacer nuestras curiosidades científicas). Es así como surge el mundo de la clonación artificial, un concepto que puede generar controversia debido a la fama que le ha dado Hollywood, pero que en realidad se trata de un campo muy amplio, el cual puede aportar grandes bienes a la sociedad y permitir grandes avances en la ciencia.