En nuestra anterior publicación ya comentamos que la clonación no era un concepto ligado únicamente a la ciencia ficción y las teorías conspirativas de laboratorios clandestinos, ya que en la naturaleza se da de forma constante a nuestro alrededor cada vez que un organismo se reproduce de manera asexual o, incluso dentro de nuestros propios cuerpos, cada vez que una célula se divide, ya que las células hijas no son más que clones de la célula madre de la que proceden.
Sin embargo, si bien es cierto que la clonación tiene su origen en la naturaleza, eso no quita que, al igual que con todo, los humanos nos hayamos aprovechado de ese proceso y lo hayamos “domesticado” para adaptarlo a nuestras necesidades como sociedad (o bueno, en algunos casos para satisfacer nuestras curiosidades científicas). Es así como surge el mundo de la clonación artificial, un concepto que puede generar controversia debido a la fama que le ha dado Hollywood, pero que en realidad se trata de un campo muy amplio, el cual puede aportar grandes bienes a la sociedad y permitir grandes avances en la ciencia.
Dentro del concepto de clonación artificial nos podemos
encontrar con tres grandes categorías: clonación génica, clonación reproductiva
y clonación terapéutica.
En primer lugar, la clonación génica hace referencia
a la producción de copias idénticas de genes o fragmentos de ADN. Estas copias
pueden realizarse o bien dentro de una bacteria, o bien en disolución en un
medio con determinadas enzimas. Para entender mejor este concepto, primero cabe
repasar un poco la biología molecular de las bacterias y los mecanismos
naturales de replicación del ADN:
Las bacterias, como bien sabemos, son unos organismos
unicelulares que no poseen núcleo, por lo que el ADN que compone su genoma se
encuentra libre en el citoplasma. Pero este ADN genómico no es el único que
tienen, ya que, además, también poseen pequeños trozos de ADN circular llamados
plásmidos, los cuales contienen uno o unos pocos genes que no son de vital
importancia para la supervivencia de la bacteria, pero sí que les aportan
cierta ventaja frente a otras bacterias como, por ejemplo, la resistencia a
antibióticos o la capacidad de producir toxinas. Estos plásmidos se replican
igual que el resto del ADN bacteriano, es decir, mediante una serie de
proteínas especializadas, llamadas enzimas de replicación, que actúan cada vez
que la célula se divide para que cada célula hija presente una copia idéntica
del material genético de la célula de la que procede.
Una vez puestos en contexto, esta propiedad de las bacterias
de poder tener ADN fuera del genoma capaz de replicarse es la que utilizaron
los científicos para desarrollar la clonación génica, la cual no consiste en
más que seleccionar un fragmento de ADN del cual te interese tener muchas
copias (o clones), e introducirlo en uno de estos plásmidos. Así, cada vez que
la bacteria se divida, el plásmido se replicará y con él la copia de ADN que le
habías introducido.
Pero este proceso, a pesar de ser muy eficaz, es
relativamente costoso, ya que necesitas tener un recipiente con las condiciones
necesarias para que crezcan las bacterias, incluyendo un aporte de nutrientes,
y después tienes que conseguir purificar los plásmidos que contienen tu
fragmento de ADN de interés, separándolos del resto de componentes de las bacterias.
Es por eso que los científicos desarrollaron los procesos de clonación génica in
vitro, donde el fragmento de ADN que te interesa clonar se introduce en una
disolución con enzimas de replicación, las cuales son las que en la naturaleza
copian el ADN en las células.
Este mecanismo de clonación es el que utiliza la, ahora tan
famosa, técnica de la PCR, cuya función es generar muchas copias de un
fragmento de ADN cuando la cantidad que tienes es muy baja, debido a que los
instrumentos que se utilizan hoy en día para medir la presencia de ADN no son
tan sensibles y necesitan una cantidad relativamente grande de ADN para poder
detectarlo.
El siguiente tipo de clonación artificial que vamos a
comentar es la clonación reproductiva. En este caso no vamos a indagar
con tanta profundidad en ella ya que la hemos comentado en otras publicaciones
de este blog (las cuales os recomendamos si es que todavía no las habéis
visto). Esta rama de la clonación artificial tiene como objetivo la obtención
de nuevos animales genéticamente idénticos a otros, es decir, clones.
Para poder obtener esos clones, la principal técnica
empleada es la transferencia nuclear de células somáticas (SCNT por sus siglas
en inglés). Dicha técnica consiste en la extracción del núcleo de una célula
somática, es decir, cualquier célula del cuerpo a excepción de los
espermatozoides y los óvulos, y la posterior introducción de dicho núcleo en un
óvulo sin fecundar, al cual previamente se le ha destruido su propio núcleo. Es
decir, se acaba obteniendo un óvulo con el ADN de la célula somática que
habíamos elegido. Debido a que cada célula del cuerpo contiene toda la
información genética necesaria para generar un individuo entero, cuando se
introduce dicho óvulo en el útero de una hembra de la especie que se quiere
clonar, se acaba desarrollando un feto que en cuanto nazca se convertirá en un
individuo genéticamente idéntico al individuo del que procedía el núcleo de la
célula somática elegida, dicho en otras palabras, se obtiene un clon de dicho
individuo. Así es como se originó la famosa oveja Dolly, y esto tiene especial
interés en casos de especies en peligro de extinción, donde se podría aumentar
el número de individuos de dicha especie de forma relativamente sencilla.
Finalmente, el último tipo de clonación artificial que
queríamos comentar es la clonación terapéutica, cuya principal finalidad
es su aplicación en la biomedicina, es decir, en el tratamiento de pacientes. En
esta modalidad, la obtención de clones puede producirse de dos maneras:
Una de ellas es la SCNT, la técnica que hemos visto
previamente para la clonación reproductiva, solo que en este caso una vez
obtenido el óvulo con el núcleo de una célula somática en su interior, este no
se introduce en un útero, sino que se deja que se divida unas cuantas veces in
vitro, dando lugar a un pequeño número de células madre embrionarias. Estas
células madre, al igual que las células de un embrión, tienen la capacidad de
dividirse y diferenciarse a cualquier otro tipo de célula de nuestro organismo,
por lo que tienen un gran interés en terapias que requieran regeneración de un
tejido dañado, ya que si las células que se clonan son del propio paciente, el
tejido que se forme a partir de esas células será igual que el tejido original,
por lo que no existiría el problema de que se produzca un rechazo por
introducir células de otra persona, como sí que ocurre con los trasplantes de
órganos, por ejemplo. Esto implica un gran avance ya que es muy complicado
encontrar un órgano compatible con el paciente y, en algunos casos, el problema
requiere una solución urgente, por lo que no se puede esperar a encontrar un
donante compatible.
Pero el empleo de esta técnica ha levantado ciertos dilemas
éticos entre la sociedad, ya que existe una parte de esta que considera que no
es ética la creación de células embrionarias para el tratamiento de
enfermedades, por ello es que se desarrollaron las células madre pluripotentes
inducidas (iPSC por sus siglas en inglés). Estas células, como bien dice su
nombre, son células madre pluripotentes, es decir, son células capaces de
dividirse y diferenciarse a cualquier tipo de célula del organismo, pero no son
capaces de generar un individuo completo, por lo que se le pone fin al dilema
moral de utilizar embriones. Para la obtención de estas iPSC, lo que se hace es
crear un cultivo celular de células somáticas del paciente y añadirle un conjunto
de genes específicos que consiguen “reprogramar” las células, convirtiéndolas
de nuevo en células madre inespecíficas. Al igual que con el empleo de la SCNT,
el uso de iPSC puede aplicarse en terapias de regeneración de tejidos.
Con esto concluye esta publicación sobre los avances
científicos y sociales que ha supuesto el desarrollo de técnicas artificiales
de clonación, pero esto no significa que no vaya a haber más novedades, ya que
a pesar de todo lo que se ha conseguido, el mundo de la clonación artificial y
sus aplicaciones todavía sigue dando sus primeros pasos, el potencial que tiene
es mucho mayor. De momento los esfuerzos se centran en perfeccionar las
técnicas existentes, pero cualquier noticia al respecto no dudéis que la
comentaremos en futuras publicaciones.
Referencias
NHGRI. (2019, 9 marzo). Clonación.
Genome.gov. https://www.genome.gov/es/about-genomics/fact-sheets/Clonaci%C3%B3n
Aracely López-Monteon. (2020). CLONACIÓN
GENÉTICA: Mejorando la vida – Dirección de Comunicación de la Ciencia.
Universidad Veracruzana. https://www.uv.mx/cienciauv/blog/clonaciongeneticamejorandovida/#:%7E:text=As%C3%AD%2C%20la%20clonaci%C3%B3n%20gen%C3%A9tica%20consiste,de%20DNA%2C%20c%C3%A9lula%20u%20organismo.
Genotipia, C. (2019, 28 noviembre). Clonación
genética, reproductiva y terapéutica. Utilidad terapéutica. Genotipia. https://genotipia.com/la-clonacion-tipos-y-utilidad-terapeutica/#:%7E:text=La%20clonaci%C3%B3n%20gen%C3%A9tica%20consiste%20en,genes%20que%20se%20desea%20estudiar.
colaboradores de Wikipedia. (2020, 14
julio). Célula madre pluripotente inducida. Wikipedia, la enciclopedia
libre. https://es.wikipedia.org/wiki/C%C3%A9lula_madre_pluripotente_inducida
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